Cabo Norte en moto 2023 (III.1)

Etapa 3. Cabo Norte – Flensburg

Desde el 01/07 al 12/07

Día 9. 01/07 CABO NORTE – BIRTAVARRE. 446 KMS.

https://goo.gl/maps/zcSoY6CwiFpNZcza6

Esta tercera etapa abarca 12 días, por lo que iré haciendo publicaciones cada 2 ó 3 días para que no resulte un escrito excesivamente largo. Empieza con la visita a Cabo Norte. Como este día es importante en varios aspectos (visita a Cabo Norte, empieza el «viaje» de verdad, etc.), de forma excepcional, lo publico individualmente.

Hoy visitamos Cabo Norte y empieza la parte más interesantre para mí: Noruega. Pongo el escrito del día lo primero:

01/07/2023. Por fin estamos en Nordkapp, debajo de la bola. La consecución de un objetivo deseado desde hace tiempo, el reto superado, el esfuerzo a todos los niveles que supone llegar a este punto, las horas dedicadas a la planificación… todo se mezcla cuando estás allí, cuando tocas ese símbolo para el mundo motero (entre otros colectivos) y un sentimiento de alegría te invade mientras la cabeza valora el hito alcanzado y surge un pensamiento que se abre paso entre tanto sentimiento a flor de piel: esto ya está, ¿qué es lo próximo?

No sé, no recuerdo cómo Cabo Norte se convirtió en algo importante para mí, en un destino que algún día conseguiría conquistar. Sin embargo, ahí está desde siempre como objetivo, quizá máximo, que pueda alcanzar en moto.

Y además, en mi caso, como premio por el objetivo alcanzado está Noruega; después de Cabo Norte, conoceremos el país, su exuberante naturaleza, sus ríos, sus cascadas, sus fiordos, sus iglesias de madera y sus Trolls. En definitiva, algo que tenía en mente desde hace mucho y que da la casualidad que está pegado a Cabo Norte, así que….

Pues eso es Cabo Norte para mí, para Elisa seguro que significa otra cosa, creo que su objetivo está más relacionado con ayudarme a conseguirlo, pero eso será algo que ella dirá, si algún día se decide a explicarlo.

Y si pensabais que hoy no tocaba la ración de tonterías habitual, vais apañados:

Nos levantamos, como es habitual, un poco más tarde de lo previsto, con lo que llegamos a Cabo Norte a eso de las 7:30 y, para mi sorpresa, el aparcamiento está repleto de caravanas y autocaravanas; también alguna moto, pero muy pocas.

La taquilla de entrada está vacía con lo que pasamos sin contemplaciones y empezamos a buscar por el parking un hueco para pasar la moto a la zona de la bola (lo cual está prohibido, pero es imprescindible cuando vas en moto).

Ya sea porque han tapado todos los huecos o porque la cantidad de vehículos acampados esconden los posibles huecos, no tenemos más remedio que buscar por otro lado. Ese lado es el de la barrera de acceso. Efectivamente, por uno de los lados hay un hueco por el que entra la moto y nos dirigimos a la bola esquivando peatones, que también hay unos cuantos.

Al pasar frente a la zona de la cafetería vemos que hay luz, con lo que deducimos que los horarios han cambiado y ya está en funcionamiento, con lo que en breve vendrá un equipo de GEOS a sacarme a patadas de allí.

Mientras llega el equipo de asalto, aparcamos la moto bajo la bola y no hacemos fotos mientras arriba, junto a la bola, unos guiris de autobús se empeñan en sacar la foto de su vida tocando todas las configuraciones posibles de la cámara y poniéndonos de los nervios. No hacía nada que mirar hacia la zona de acceso esperando ver el vehículo de asalto repleto de marines.

Finalmente nos toca el turno de acercarnos a la bola y una señora de extraño hablar de ofrece, suponemos, a hacernos fotos, con lo que le entregamos el móvil, sea o no ese el motivo de su charla con nosotros.

Tras estas fotos, salgo disparado para sacar la moto de la zona prohibida, cual Adán en el paraíso intentando esconder el mordisco a la famosa manzana.

El equipo de asalto no ha llegado, consigo aparcar la moto y vuelvo a la bola con Elisa para seguir haciendo alguna foto más y comentando la jugada delictiva que acabamos de realizar.

Tras unos minutos, nos dirigimos al Salón del Cabo Norte, es un edificio que alberga tiendas, la cafetería, un cine, etc. y empezamos a curiosear por allí, aunque está todo cerrado.

En esto de acerca una señorita de uniforme del centro y nos suelta una parrafada; al escuchar nuestras expresiones de asombro, pasa a explicarnos en perfecto castellano con acento de Leganés que la parte exterior del recinto es gratuita pero si queremos ver las tiendas, entrar a la cafetería, etc. tendremos que pagar una entrada, a lo que respondimos, también en perfecto castellano, «pues nos vamos».

Y eso hicimos, nos subimos a la moto, nos despedimos en silencio de Cabo Norte (en mi caso con la promesa de volver, aunque sea en el autobús del imserso) e iniciamos la etapa del día que nos llevaría, entre un frío polar, por cierto, a un camping en la localidad de Birtavarre. Las instalaciones estaban un tanto anticuadas, pero la localización era excelente, pegado a un río imponente y a una pared casi vertical de unos 400 ó 500 metros de altura, en la que sobresalía una preciosa cascada. El súper del pueblo estaba convenientemente surtido, incluso de cervezas, con lo que pudimos satisfacer nuestras necesidades de cereal.

Ibamos con laidea de amanecer muy pronto y llegar con mucho teimpo antes de que abriesen oficialmente y se activase la garita que hay a la entrada al parque; había leído lo que contaban otros viajeros y así se evitaba el pago de una cantidad importante para entrar en la zona. Con el desmadre de horas que tienes por allí, ya que no anoche y no tienes nunca la sensación de que «ya es tarde», nos fuimos a dormir más tarde de lo recomendable y lo pagamos a la hora de levantarnos: más de 1 hora de retraso sobre el horario que teníamos previsto.

Parque del Cabo Norte

Cuando salimos a cargar la moto, vimos con sorpresa que el día no tenía nada que ver con el de ayer. En la visita a Honningsvåg el día era fresco pero muy soleado, ni una nube. Hoy, el cielo está cubierto aunque no llueve, pero hace mucho aire y además viene muy frío. Toca encebollarse, es decir, ponernos varias capas de ropa, pero no traemos mucha ropa de abrigo, así que, en mi caso, dos camisetas, la chaquetilla roja que se ve en las fotos, que es lo de más abrigo que traigo y la chaqueta de verano por encima; si baja más la temperatura, lo pasaré mal.

A los pocos kms. de salir hacia Cabo Norte, aparece una niebla densa que incrementa la sensación de frío; menos mal que antes de llegar al parque de Cabo Norte, la niebla desaparece, aunque el cielo encapotado y el aire huracanado vuelven. Al llegar a la garita de acceso, como era de esperar, está vacía así que pasamos y fuimos hacia la bola para lo que hay que atravesar el parking, que estaba hasta arriba de autocaravanas. Como indiqué en el escrito del día, no encontramos forma de pasar, así que no nos quedó más remedio que tirar por la calle asfaltada hasta una nueva barrera que cerraba el acceso a los vehículos a la zona de la cafetería, tiendas, etc.

Según tenía entendido, por las diferentes lecturas que había realizado en la fase de preparación, que el acceso con la moto a la bola estaba prohibida, pero mi cabeza estaba obnubilada por las miles de fotos de otros moteros junto a su moto debajo de la bola… yo también quería esa foto y el madrugón (previsto, no tanto real), entre otras cosas, tenía por objeto evitar la presencia de la autoridad competente. Así que, desafiando las leyes de los mortales, que no las del Valhalla, colamos la moto por un resquicio de la barrera de entrada al complejo y la acercamos a la bola para la foto de rigor.

Pensaba que no encontraríamos a nadie por allí, pero nada más lejos de la realidad; quizá fuese la hora y pico de retraso que llevábamos, pero había mucho turista paseando y la zona comercial estaba en funcionamiento (luego comprobaríamos que no estaba abiertas las tiendas, cafetería, etc. pero sí estaba el personal del centro y los trabajadores preparando los locales).

Con estas nos plantramos en la bola y…. a hacer cola para acceder a la misma y poder fotografiarnos juanto a ella, otra foto que no falta a cualquier que pase por el lugar.

La verdad es que es difícil descibir el momento; en un principio, entre la emoción, con la posibilidad de que nos echasen de malos modos de allí, la espera a que otra gente terminasen de hacerse sus fotos…. bueno, pues no había mucho más en lo que pensar. Pero una vez echas las primeras fotos, tras sacar la moto del escenario del crimen y hacernos más fotos ya sin la montura cerca, empiezas a pensar en dónde estás, lo que te ha costado llegar hasta aquí, revives las horas leyendo, viendo fotos y vídeos y es… abrumador.

Algún amigo dijo en su día que en las fotos que pusimos en las redes, no parecía muy contento; pues contento sí estaba, pero abrumado también. A pesar que en mi cabeza el hecho de pisar Cabo Norte, pues bueno, está bien, pero no era el principal atractivo de este viaje para mi; sin embargo, al vernos allí, al pensar en los esfuerzos de todo tipo que tuvimos que hacer para llegar y, efectivamente, el caracter singular de aquél lugar, me cayó todo encima y me llenó de un sentimiento de triunfo desconocido para mí, y eso es lo que defino como abrumador.

Pero sí, hay que pisar esas rocas que albergan la famosa bola, hay que colar la moto como sea para tener una foto junto a la bola y tu moto y hay que disfrutar el momento, porque llegar aquí no está al alcance de todo el mundo. Esto me ha hecho pensar en lo que debe ser realizar esos viajes complejos de verdad: África, Asia, Sudamérica….

Si conseguir atravesar un continente «domesticado» como es Europa lo considero una hazaña, salir de esos países «amigos» (con legislaciones similares y/o compartidas, de carreteras en muy buenas condiciones, con servicios de ayuda a tiro de marcar unos cuantos números en el teclado del teléfono) para entrar en aduanas complejas, carreteras deficientes, leyes incomprensibles, culturas diferentes, con poca ayuda si se presentan problemas, etc…, eso sí es un logro de verdad. Seguramente, si pregunto a alguno de esos viajeros dirán que no es para tanto, pero a mí me resulta admirable.

Quizá algún día me «atreva» a salir del continente europeo y enfrentarme a esos «riesgos», pero mi estilo de viaje, mi moto, mi tiempo disponible, etc., de momento, no me permiten hacer otra cosa y tampoco quiero hacerlo.

En cuanto a Elisa, ella tendrá que ponerse algún día a explicar cómo vivió aquellos momentos, pero sí tengo claro que ha realizado muchos más esfuerzos que yo para llevar a cabo este viaje. Principalmente ha tenido que luchar contra sus miedos y ha superado muchos de ellos que poblaban en abundancia este viaje (y los que quedaban desde este punto). Pero ni una queja, buscando siempre el destino del día y disfrutando cada km. ¡Gracias por acompañarme en este viaje! Este año toca hacer el tuyo y espero estar a la altura.

Releo lo escrito y parece una despedida digna de un final de viaje, sin embargo, es el principio. A partir de ahora, descendemos por Noruega rumbo a casa; tenemos por delante lo que en aquél momento imaginaba como una sucesión de sitios fantásticos, lugares inolvidables y, quizá, demasiado idealizados por mi parte, con el consiguiente riesgo de llevarme una decepción. Pero no, nada de decepción, Noruega cumplió con creces con las expectativas y, tras conocerla un poquito, creo que me quedé corto y es mucho más de lo que yo pensaba (que era mucho). Pero eso intentaré explicarlo en cada uno de los días que componente esta etapa y que empieza una vez salimos del recinto de Cabo Norte.

Como se ve en la última foto, habíamos llevado una pequeña botella de Ribera del Duero para celebrar el momento tomando una copita debajo de la bola, pero por muy por encima que estés del Circulo Polar Ártico y por mucho que el sol no se esconda prácticamente en todo el día, a esas horas el vino no apetecía nada; además, hacía un frío bastante apreciable que terminaba de eliminar cualquier atisbo de ganas de tomar vino.

Así que, sin más, nos encaminamos a la zona comercial dónde nos dió el tiempo justo de ver el centro con todo cerrado y, como decía en el escrito del día, no pudimos ni tomar un café: no parecía buena idea pagar la entrada para poder tomar un café, sería el café más caro del mundo. Total, ni vino ni café, así que recorrimos los alrededores hasta que el frío nos convenció de lo conveniente que era abandonar la zona en busca de un poco de sol y algún grado de temperatura más.

Salimos del parque de Cabo Norte y de la isla con más ganas de repetir en otra ocasión, veremos si las circunstancias lo permiten. No llevábamos la ropa adecuada para el frío que hacía; los 130-140 primeros kms, pasamos frío, mucho, pero de pronto empezó a despejar, apareció el sol y se quedó un día fresco pero muy agradable para montar en moto. Además, ya estábamos a menos de 100 kms de Alta, la primera ciudad de un tamaño apreciable que veríamos desde Rovaniemi. Y como a 25 kms de Alta entramos en contacto con el primer fiordo de esta etapa (de los muchos que veremos en le resto del viaje), el Altafjorden; ¡¡qué maravilla!!, a punto estuve de parar a ponerme el traje de agua para protejerme de lo que escurría por las comisuras de mi boca abierta.

Bordeamos el fiordo hasta llegar a Alta y una vez atravesada la ciudad seguimos rodeando el fiordo sin dejar de alucinar con lo que se veía. La foto de la derecha es a unos 30 kms pasado Alta, en los alrededores de Talvik; da una muestra de lo que nos rodeaba, pero esto hay que verlo en persona; es una sensanción de naturaleza fuerte, salvaje, poderosa y bella, muy bella, que te invade y mires dónde mires, al sensación es la misma.

A los pocos kms, entramos en un túnel que atravesaba una Península montañosa; vamos, que era más fácil agujerearla que recorrerla por la superficie. El túnel desemboca en la entrada a un ramal del fiordo y es espectacular; según sales de la oscuridad, te topas con la vista que puede verse en la foto de abajo.

Muy cerca de Alta.
Entrada a un pequeño brazo del Altafjorden. Cuando pasamos, no había nieve.

La foto está sacada de Google Maps, porque nos sorprendió a la salida del túnel y no estábamos preparados; pero la imagen, supongo que por ser de las primeras de las muchas que veríamos en los días posteriores, se me quedó grabada y la he buscado para ponerla aquí.

Siguiendo la carretera que bordea este ramal, se llega al fiordo Kvænangen; espectacular. De aquí, tras un pequeño tramo de interior, se llega al Restafjorden, concretamente, a un ramal que se abre a la altura de Straumfjordnes y otro pequeño tramo de interior para alcanzar el Lyngenfjorden.

Vista sobre el Lyngenfjorden.
Atrevesando un pequeño pueblo a la orilla del Lyngenfjorden

Desde aquí, se llega al Kåfjorden, que es un fiordo que desemboca en el Lyngenfjorden y justo en su inicio está el camping destino de hoy en la población de Birtavarre. A lo largo de todo este fiordo, la orilla opuesta del fiordo era una especie de pequeña sierra surcada por un motón de cascadas que descargaban en el fiordo.

Todo el fiordo Kåfjorden es así, una pared casi vertical surcada por multitud de cascadas.
Nuestro destino del día, en primer plano la recepción, al fondo la pared del fiordo.

El pueblo contaba con un supermercado muy grande, así que nos hicimos con comida y bebida antes de llegar al camping, que estaba como a unos 3 kms de la población. Como decía en el escrito del día, era un sitio espectacular; nuestra cabaña estaba pegada al río y un tanto alejada del resto de cabaña; aquella zona debía ser para moteros, porque al menos otras 3 cabañas estaban ocupadas con motos a la puerta. El sitio estaba muy bien, el río…, la pared vertical a poca distancia al otro lado del río en la que, si te fijabas, se veían cabras moviendose por la pared a una altura increíble. Por lo que decía la publicidad, allí podías pescar tu cena. No lo comprobamos, tiramos de nuestra alacena móvil.

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